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CURIOSIDADES POCO CONOCIDAS DE AGUASCALIENTES

  • Foto del escritor: Aguascalientes de México
    Aguascalientes de México
  • 9 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Aguascalientes es una tierra que, más allá de su historia oficial, guarda secretos y anécdotas poco

conocidas que forman parte de su esencia. Entre calles, templos y antiguos barrios se esconden relatos que pocos recuerdan, pero que dan vida a la verdadera identidad de esta ciudad.

Pocos saben, por ejemplo, que la primera imprenta del estado no estaba en un edificio público, sino en la casa de José María Chávez Alonso, quien años después se convertiría en gobernador. En ese pequeño taller se imprimían panfletos y hojas informativas para los ciudadanos, mucho antes de que existieran los periódicos formales. También se cuenta que, después de su separación de Zacatecas en 1857, hubo intentos políticos para volver a unir Aguascalientes a su estado vecino, y algunos diputados viajaron hasta la capital zacatecana para negociar aquella “reunificación” que, por fortuna, nunca se concretó.

Durante la Revolución, los trenes de Aguascalientes no solo transportaban pasajeros y mercancías: también eran instrumentos de espionaje y refugio. Se dice que algunos vagones servían para ocultar fugitivos políticos o trasladar mensajes secretos. Muy cerca de los talleres, además, existía una zona que en su momento fue la primera “zona roja” del estado. Ahí convivían músicos, ferrocarrileros y mujeres dedicadas al entretenimiento; hoy apenas quedan ruinas y el eco de aquella vida nocturna.

Bajo el suelo del centro histórico se esconden pasajes aún más sorprendentes. Durante trabajos de remodelación se han encontrado túneles antiguos que, según cronistas locales, unían templos y casonas del siglo XIX. Se cree que eran utilizados para proteger a sacerdotes y familias adineradas durante los tiempos de guerra. En el Templo de San Diego, un órgano traído desde Europa a mediados del siglo XIX sigue casi intacto, aunque son pocos los que han tenido la suerte de escucharlo en funcionamiento. Y en el Jardín del Encino, bajo sus bancas y caminos, descansan los restos de un antiguo panteón, pues ese terreno fue originalmente un cementerio del barrio.

Los misterios no terminan ahí. En la Antigua Estación del Ferrocarril, algunos trabajadores aseguran escuchar voces, silbidos de trenes que ya no existen y golpes metálicos en plena madrugada, como si los obreros del pasado siguieran ahí, cumpliendo su jornada. En una vieja casa cercana al Templo de San Marcos —conocida como la Casa del Cura Rulfo— hay quienes han visto una sombra asomada al balcón. Dicen que pertenece a un sacerdote que murió sin poder revelar un secreto. Incluso el reloj de la Catedral guarda su propio enigma: en una ocasión, durante el funeral de un personaje importante, se adelantó quince minutos sin razón mecánica aparente.

En el aspecto cultural, Aguascalientes tiene también sus curiosidades olvidadas. Los primeros viñedos que se cultivaron en estas tierras no producían vino para fiestas, sino para misas; los religiosos usaban esas uvas para preparar el vino de consagrar. Con el tiempo, los agricultores aprendieron a hacerlo para consumo general, dando origen a la tradición vinícola local. Las peleas de gallos de la Feria de San Marcos, por su parte, fueron en sus inicios clandestinas, organizadas en patios ocultos dentro de casonas del barrio. La policía local solía mirar hacia otro lado.

Otra curiosidad poco conocida es que las calaveras literarias, hoy tradición nacional, se publicaron por primera vez en Aguascalientes mucho antes de popularizarse en el resto del país. Algunos de los primeros versos de este tipo fueron obra de seguidores de José Guadalupe Posada, el creador de La Catrina.

Y como si todo esto no fuera suficiente, hay un dato casi increíble: el río San Pedro, hoy un cauce modesto, fue navegable durante algunos años a finales del siglo XIX. En temporada de lluvias, los comerciantes usaban balsas improvisadas para transportar madera y materiales. Hay fotografías antiguas que dan testimonio de esa escena casi imposible de imaginar en la actualidad.

Aguascalientes es así: un lugar pequeño en extensión, pero enorme en historia, lleno de secretos bajo sus calles, voces del pasado en sus edificios y detalles que hacen que, quien se detiene a mirar con atención, descubra que esta tierra tiene mucho más por contar de lo que parece.

 
 
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